viernes, febrero 17, 2006

Capricho

Hoy, según el planning que establecí ya hace unas semanas, debería escribir sobre cine, pero la verdad, hoy me apetece publicar aquí una de las historias que escribí ya hace casi 10 años (Septiembre de 1996), se trata de Capricho, la historia de un vagabundo y su gato, espero que no os aburráis leyéndola y si encima os gusta pues mejor que mejor, ahí os dejo con...

Capricho

Soy un humilde indigente, no conozco lo que es el calor de un hogar desde hace mucho tiempo, es decir, un hogar con cuatro paredes y a ser posible con un techo en el que pueda refugiarme del dantesco frío del invierno o del infernal calor del verano. El único hogar que conozco es este malsano callejón, o tal vez debería llamarlo callejuela debido a sus minúsculas dimensiones. Sus pringosos suelos recuerdan más a los de una pocilga de cualquier cerdo que a los suelos de un callejón, sus paredes agrietadas y viejas poco tienen que envidiar al suelo en cuanto a higiene, con una salvedad, las paredes cuentan con ventanas y alguna que otra puerta para diferenciarla del suelo. Mi situación apenas me permite el poder alimentarme, suelo comer lo que me encuentro en las basuras de mis alrededores.

Es increíble lo que la gente tira, en más de una ocasión me he encontrado prendas de vestir prácticamente sin usar, collares de animales nuevos, tazas y alimentos varios como latas de conservas sin utilizar, botes de refrescos todavía algo frescos de la nevera y muchas cosas más que no voy a enumerar ahora. También para conseguir alimento suelo pedir por las calles, y aunque no me permita conseguir una gran cantidad de dinero me conformo con poder comer pan del día y agua, cosa que mi cuerpo agradece efusivamente.

No tengo ningún capricho, mi precaria vida no me permite averiguar el significado de tal palabra, posiblemente por eso pensé que, un día buscando entre los desperdicios de las basuras, al ver un endeble gato de apenas unos días de vida, me decidiera a quedarme con él. Cuando lo encontré su aspecto resultaba lastimoso, pero a la vez gracioso. Su cuerpo no era tal, sino que era una unión poco equilibrada de huesos, ojos y carne, al principio resultaba tener un color obscuro no obstante no sabría decir con exactitud cual era, más tarde descubrí con asombro que era de un color tan blanco
como un copo de nieve, pero con unas graciosas orejas negras. Sus ojos, enormes, parecían querer salir de sus órbitas, sus piernas esqueléticas hacían juego con su escuálida cola revoltosa y juguetona y sus maullidos inagotables reclamaban comida y cariño. Lo llevé a mi maloliente callejón donde le di el alimento que venía reclamando utilizando un poco de pan duro mezclado con agua en un pequeño recipiente, el gato, no solo lo tomo con gusto, sino que lo devoró como si se tratase de lo primero que había pasado por su garganta en toda su vida.

La primera noche que pase con el gato apenas pude concentrarme en conciliar el sueño ya que no quería que el felino se me escapara, además estuve pensando en un nombre adecuado para tal animal. Amaneció y apenas había dormido unas pocas horas pero ya tenía un nombre adecuado para mi gato, lo llamaría Capricho, debido a que él mismo había sido uno. Ese día tenía una coartada para salir a pedir, la jugada salió redonda, cuando pasaba gente y me veía con el gato maullando les daba lástima y me dejaban algo de dinero, cosa que con anterioridad no me había ocurrido, esta vez tenían lástima por un gato mientras que yo, un ser humano, no era más que la persona que lo llevaba en brazos como si de un bebe se tratase. Al final del día recogí suficiente dinero como para poder comprar leche y poder ahorrar bastante dinero para pasar los próximos días.

Pasó el tiempo, el gato se hizo más grande y apenas quedaban restos de huesos en su cuerpo, su cuerpo blanco paso a tener un color más grisáceo disimulando así sus obscuras orejas, sus frágiles piernas eran ahora unas hermosas piernas llenas de músculos formados por sus instintivas cazas de ratones y demás animales que podía encontrar en su camino, su escuálida cola ya no era tal debido a una de las múltiples riñas que había sufrido con los canes de los alrededores, riñas de las que, normalmente, Capricho salía vencedor debido a su valor, fuerza, agilidad y sus otras múltiples cualidades que posee un felino que se ha formado en las calles de una ciudad. Por mi parte, estaba pasando un mal momento en el cual me era difícil no solo alimentarme, sino vivir en esta dura época del año que es el invierno.

Aún así pasaba grandes momentos con el que era mi mejor amigo y compañero, Capricho, con el cual jugaba y entrenaba haciendo yo de maestro y compañero de luchas, como la vez que entre el y yo alejamos a más de una docena de perros que pretendían atacarnos de forma vil, fue el tremendo valor de Capricho lo que me hizo envalentonarme y dar la cara ante tanto perro furioso. El truco de salir a pedir con Capricho lógicamente ya no daba resultado, más bien todo lo contrario, al ver a un gato de tal tamaño nadie se molestaba en darme una pobre moneda. Yo tenía que comer ya que hacía tiempo que no lo hacía y con el frío que hacía ese invierno necesitaba algo caliente, pero no conseguí meterme al estomago más que un trozo de pan congelado, algunas sardinas conservadas y algo de agua. Tan solo tenía una salida para conseguir salir con vida de ese terrible invierno, aunque la solución no me gustaba tuve que hacer un esfuerzo y tomar un... Capricho.


© Dammy

5 Dejaron su granito de arena...

Blogger Afrodita desde el desierto dijo...

Ayyy q de posts has escrito desde q no me paso!!!! Ainnnsss!! No me doy a basto! jajajaja
Buen finde!
Besotes

vie. feb. 17, 05:33:00 p. m. 2006  
Blogger Dammy desde el desierto dijo...

Procuro escribir por lo menos uno cada día, jeje.

Lo mismo digo, buen finde afrodita y que tengas un afrodisiaco fin de semana... ;-)

Besicos.

vie. feb. 17, 06:24:00 p. m. 2006  
Blogger Laro desde el desierto dijo...

Lo de que la gente nos apenemos más por el sufrimiento de una animal que por el de un humano es tan curioso como cierto...

vie. feb. 17, 10:27:00 p. m. 2006  
Blogger La Revolución de las Costillas desde el desierto dijo...

Ya se ve que no vas a seguir el planning, hoy tocaba cine ¿viste Memorias de una Geisha?... leí el libro y me encantó, la película no, demasiado parcializada para mi gusto, si no has leido el libro es difícil enganchar con los personajes de la película, que, hay que decirlo, está bien actuada (paradójicamente por actores chinos). -Mi humilde comentario de cine-

Me gustó esta historia, ese "capricho", aunque debo reconocer que más me gustó el video del post anterior jajajaja

Saludos desde Chile!
Karolina

vie. feb. 17, 11:01:00 p. m. 2006  
Blogger Arale desde el desierto dijo...

Pura supervivencia.... una história muy cruda, pero que estoy segura no debe ser solo una simple aventura de un vagabundo... las debe haber de peores, lo malo es que nunca se sabe si lo que piden es para comer o para vino.Una pena, que vueltas te debe dar la vida para terminar así?
Un besito y buen fin de semana.

sáb. feb. 18, 12:25:00 a. m. 2006  

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